CUATRO LENGUAS DE LAVA

Hace unos días encontré una nueva poeta en la descripción de un evento relativamente conocido en Madrid. Gentrificación, movida hipster, etcétera. La poeta escribía versos del tipo «eres mi amor/te quiero como al sol/vamos a hacer el amor/como si jamás nos fuéramos a decir adiós.»

Tenía más de dos millones de vistas en sus videos (video-poemas) de Youtube. Leí en otra parte que esa nueva ornada de poetas, hombres y mujeres dedicados por entero a la lírica, eran hijos de la poesía de la experiencia, Luís  García Montero, y que básicamente habían convertido el panorama poético contemporáneo en un juego de adolescentes de izquierdas híper hormonados.

La poesía entonces se tenía que reinventar.

Porque lo de ahora pues como que no, decían. Las fotos colgadas en Instagram y todo el rollo.

En otros momentos he desarrollado con más o menos precisión mis ideas al respecto. Sin embargo, el hecho es que esta gente vende, y me dio por pensar que quizás el tema iba por ahí, que tenía que ver con la adolescencia. Yo también escribía cartas de amor cuando tenía trece años. También pensaba que me moriría si la niña de la clase de enfrente no me daba un beso. Pero claro, esa etapa se supera. O no. Parece que no.

Realismo sucio

Lenguas de lava no es peor que Hagámoslo suave, mi amor o cualquiera de los libros de poemas actuales que uno podría encontrar en la FNAC. No en cuanto a la técnica. Simplemente habla de otra cosa. Se trata de un poemario escrito a ocho manos, relativo a la vida cotidiana, que pretende fijar la mirada en lo que generalmente no queremos ver. Manuel Gris remite en el prólogo a conceptos como la pureza, la autenticidad, el dolor, el arte. Son también poemas sucios, herederos del realismo sucio, pero sin ese corte político tan propio de la poesía de la experiencia y tan vinculado a la izquierda institucional. Por tanto, poemas sin posibilidades de interferir en la agenda cultural del concejal de turno.

Tal vez ese carácter marginal, incluso esa falta de ambición política, esa manera de ubicarse fuera de cualquier círculo (poético, político, cultural), dote al poemario de naturalidad, frescura y libertad para escribir acerca de lo que habitualmente no se tiene que escribir. Francisco Cazorla dice que ha muerto maría, con minúsculas, puta de las casas baratas. Que cristo quiere olvidarlo todo, volver a empezar. Cabezuelo se burla de todas las paradojas de la vida contemporánea, habla de sexo, de depresiones, de la maquinaria empresarial. Daniel Aragonés explora la propia decadencia individual, en un juego de espejos o de resonancias entre el macrocosmos y el microcosmos. Diego Torres construye historias en las que el final está escrito de antemano, convirtiendo en poesía lo que de otra manera sólo sería un episodio más en la crónica de sucesos del noticiario vespertino.

Y por si alguien se lo estuviera preguntando, la respuesta es no. Ninguno de ellos es Ferlinghetti, Plath, o Bukowski. Ninguno de ellos se volverá tan loco como Leopoldo María Panero. Ninguno de ellos escribirá Aullido. En Lenguas de lava no hay una excesiva preocupación por generar ritmo poético. No hay aliteraciones, paranomasias, anáforas o concatenaciones. Algunos de los poemas de Daniel Aragonés, por ejemplo, están escritos en lo que hoy se entiende como prosa poética. No se percibe una especial ambición, o interés, por construir formas genuinamente poéticas. Tal vez algún paralelismo, algún encabalgamiento, ciertas metáforas y símiles.

Da la impresión de que la intención de los cuatro autores es plasmar directamente en el folio lo que perciben día a día, las vivencias más íntimas, la abrumadora cotidianidad, la desnuda miseria. Dejarlo ser y transmitirlo sin adornos o engalanamientos, y no aspirar a nada más que a eso.

Y respecto a la siguiente pregunta, señoría, obviamente tampoco. Ni Daniel Aragonés, ni Francisco Cazorla, ni Juan Cabezuelo, ni Diego Torres, son peores poetaLenguas de lava Lucas Albors que cualquiera de los que llenan los recitales o copan las librerías actualmente. Lenguas de lava no tiene nada que envidiarle a Hagámoslo suave, mi amor, y aquí podría adjuntar toda una ristra de autores que, más allá de los recursos técnicos, reducen el contenido de sus poemas a notas de amor más o menos explícitas y mas o menos románticas, como las que le mandaba yo a la niña de la clase de enfrente.

¿Entonces? Parece que a día de hoy, preferimos emocionarnos con el melodrama adolescente y los amores imposibles a enfrentarnos con el día a día y nuestra propia indigencia cotidiana. O reservarnos la indignación para la barra del bar y el timeline de Twitter. Parece que no hay lugar para el dolor en la poesía. O quizás sí. Estos cuatro señores dicen que sí.

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2 comentarios sobre “CUATRO LENGUAS DE LAVA

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  1. Y yo digo qué sí, que hay lugar para la sociedad que nos enfrentamos a la propia indigencia cotidiana.

    Me ha encantado éste resumen que has hecho de estas ocho manos, Lucas, impecable.

    Un abrazo.

    Yayone.

    Le gusta a 1 persona

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